Hacia el sur de Baviera: Ratisbona y Pasau

En nuestro viaje volvemos a confirmar que cualquier paisaje es más alegre a la luz del sol. No es ningún descubrimiento, pero satisface comprobarlo cuando has tenido más de un día gris y lluvioso.

Vamos a visitar Ratisbona a la que los alemanes se empeñan en llamar Regensburg, ¡Vaya Ud. a saber porqué! 

Como lugar de estancia Gemma escoge la Kaiser Therme en el pueblo de Bad Abbach, que tiene adosada una area para autocaravanas. Llegamos con tiempo para poder pasar la tarde en las termas y justo al llegar al area de autocaravanas, ¡Oh sorpresa! ¡Dos autocaravanas españolas entrando delante nuestro!  Las termas de la zona son conocidas desde la época Romana, cuando en Ratisbona estacionaba la III Legión https://viatorimperi.es/ratisbona/

Después de una tarde en remojo tuvimos una noche clara y pudimos ver unas cuantas “lágrimas de San Lorenzo”. Al llegar el día (bueno, algo más tarde) nos fuimos a Ratisbona en el autobus.

Ratisbona es una ciudad diferente a las que habíamos visto. Su mejor época fueron los siglos del final de la Edad Media. Así el estilo barroco, tan presente en la zona, no tiene, apenas, protagonismo. En lo que sí se parece a otras es en que ha sido declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Lo primero con lo que nos topamos al llegar fue el mercado. Lo más sorprendente es un enorme puesto de plantas y flores con mucha clientela.

Como buenos turistas nos pusimos a visitar iglesias. En ellas se estaba fresquito ese sábado de gran calor, 31 grados. En los mapas de Google avisaban del peligro del calor, pero en la foto el peligro es San Miguel.

La catedral se comenzó siguiendo el gótico francés y a pesar del tiempo de construcción y los añadidos posteriores, recuerda más a las de los países europeos mas occidentales. 

Uno de los hitos de la ciudad es el el puente, excepcionalmente largo para haber sido construidoa mediados del siglo XII. Cruza los dos brazos del Danubio apoyandose en 16 arcos que nos recordaron al puente sobre el Guadalquivir en Córdoba. Desde el puente pueden contemplarse hermosas vistas de la ciudad y de algunas bellas turistas.

Decidimos ir a comer a un Biertengarten, el tipico restaurante alemán bajo los arboles. Estaba tan abarrotado que nos ofrecieron la posibilidad de compartir mesa con otras dos parejas. Cosa que aceptamos con alegría. Y eso en tiempos de COVID. Pudimos hablar en francés y en inglés con ellos, fue agradable, incluso nos echamos unas risas.

La comida era sencilla, las cervezas no. El Biergarten está al lado del Danubio, que aquí le llaman Donau. Tiene varios brazos, unas islas, incluso playitas. Vimos gente bañandose en la orilla y a dos jóvenes dejándose llevar por la corriente.

Y no sólo en el Danubio se refrescaba el personal. Más de uno se conformó con la tranquilidad de las fuentes.

De Regensburg nos acercamos al Parque Nacional Bosque Bávaro con el proposito de caminar y descansar. Todas las setas estaban ya podridas, nos llovió un montón. Aunque tuvimos tiempo de caminar por el bosque, recoger frambuesas y hacer un bote de mermelada, aromatizada con pétalos de rosa. Una especialidad que cualquier día Gemma va a patentar… para centro Europa claro.

Para remediar que llevabamos dos días sin estar al lado de un gran río nos fuimos a Passau. Allí se juntan tres: el ilz con aguas muy oscuras, el Inn con aguas lechosas, y el Danubio, del que aseguran que es azúl (aunque nosotros no acabamos de verlo así). En su confluencia mantienen los colores durante unas centenas de metros, antes de mezclarse.

Eso si, a menudo se desbordan y hacen de las suyas, incluso mucho antes del cambio climático: por si no lo veis, la señal más alta es de 1501.

Passau es una ciudad antigua que se quemó entera a mitad del siglo XVII y como tenían posibles la reconstruyeron en un plis plas. Les quedó una ciudad barroca muy del Sur.

Por cierto está hermanada con Málaga. Lo comprobamos en la Ratskeller de la ciudad, que como todas las Ratskeller alemanas es interesante visitar.

Por cierto, ¿porqué hay un enorme bar-restaurante (Ratskeller) en todos los sotanos de los ayuntamientos alemanes?

Acerca de misoldemedianoche

Hacemos este blog, de vez en cuando, para contar a nuestros amigos que hemos visto en nuestros viajes (por ahora sólo dos y medio) al Norte europeo.
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5 respuestas a Hacia el sur de Baviera: Ratisbona y Pasau

  1. rvpursals dijo:

    Sigo deleitandome con cada una de vuestras reseñas y comentarios. Al final de su lectura tengo la impresión de que yo también he estado con vosotros. Salut.

  2. Julio Rancel dijo:

    Precioso reportaje de una parte de Alemania que me encanta (aunque una buena parte del personal es bastante archi-conservador, pero de todo hay).
    Aquí está vuestro amigo “friki-germánico” respondiendo preguntas:
    El nombre de Regensburg no viene de la lluvia (Regen, en alemán), aunque en toda Alemania le gastan bromas con eso a los nativos de la ciudad. Viene de que allí se une al Danubio el río Regen, Reginus para los romanos, que fundaron en la confluencia y como estratégico cruce del Danubio una fortaleza que aparece en crónicas romanas tardías como “Castra Regino”. Los castros romanos pasaron a ser los Burgs germánicos, así que es lo mismo, pero en “hereje”: Castillo del Regen (Regensburg). La curiosidad es que los latinos tardíos se empeñaron en llamar al sitio “Ratisbona”, que eso si que no sé de dónde viene. En El Colegio Alemán, si decías “Ratisbona”, “Maguncia”, “Aquisgrán”, “Tréveris” o “Colonia”, te excomulgaban ipso facto y motu proprio.
    Lo de los Ratskeller es una tradición en todas las regiones y países de lengua alemana, en Alemania y también en Austria. Parece ser que fue una versión medieval de los paradores nacionales de Fraga Iribarne. Muchas poblaciones alemanes vivían de sus mercados (semanales, mensuales, anuales). En cada población, pequeña y grande, se concentraban los campesinos y artesanos de la zona, y si era importante, de zonas muy lejanas o incluso del “extranjero”, para los mercados. Por eso el mercado en la plaza mayor, que en muchísimos sitios se llama aún “del Mercado” (Marktplatz, o como en Flandes, Groote Markt), era como Wall Street para cada sitio. Había que promover la visita y estancia de mercaderes forasteros y facilitar su estancia. Resultado: a algún preboste municipal listo, que fue luego imitado por los de otros lugares, se le ocurrió que la corporación municipal (el Rat -Consejo- local) abriera un local donde se comiera bien, y lo abrieron en el local del ayuntamiento, la Casa del Consejo (Rathaus), así se ahorraban gastos. Claro está, no iban a poner las mesas en la sala de plenos o en los archivos municipales, así que los habilitaron en el sótano o semisótano (Keller). Allí se guardaban también las barricas de cerveza y vino, con lo cual tenían a mano la intendencia. Y ya se sabe, un mercader con unas jarras de cerveza o vino dentro es un mercader contento, que gasta más y deja más impuestos y tasas.
    Ya digo, como Fraga con los paradores, pero en la Edad Media.
    (Me encanta Passau, hace años que estuve la última vez, pero no me importaría volver).
    Ea, seguid viajando, y nosotros con vosotros. Lo pasamos muy bien, espero que vosotros también. 😉

  3. Isabel Fuentes dijo:

    Muy buenos comentarios. Y a la pregunta, seguro que ya tenéis respuesta, o no?

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