Usos y costumbres (Alemania) – II

En Alemania, por las calles, pueden verse obreros vestidos con trajes de faena, con orgullo de clase pensaba yo, pero Álvaro dice que la realidad es más prosaica. Los sindicatos consiguieron que los patrones pagaran la ropa de trabajo y los obreros la usan y guardan la suya. IMG_1643

Aunque da pudor y también da risa, otra conquista sindical es la existencia de waters químicos en la calle, mejor dicho en las obras, es obligatorio. Incluso en medio del campo. Hay que decir que su existencia, sin cerrar, nos han salvado alguna vez de un apuro.

En este mismo apartado podemos incluir una observación sobre los WC y el papel higiénico. Hemos encontrado un nivel de limpieza y calidad en los WC públicos (campings, bares, restaurantes) bastante alto, aunque también nos hemos tropezado con algunos sitios regularcillos o francamente asquerosos. Ahora bien, ¡en ninguno de ellos faltaba el papel higiénico! [Por motivos que podéis comprender no aportamos información gráfica sobre el tema].

Los buzones de las casas de pisos están, normalmente, situados como en cualquier otro país, sin embargo abundan los que se encuentran completamente fuera del edificio, tanto si son construcciones para inquilinos de bajo poder adquisitivo como edificios de más categoría. No hemos sabido porqué abundan tanto.

[Si quereis ver mejor alguna foto, podéis clickar en lo alto y se verá más grande]

Parece que los relojes astronómicos, las empresas constructoras de catedrales los regalasen al firmar la contrata. Rara es la iglesia que no tiene uno.

Lo que os contábamos sobre los crucifijos de enormes dimensiones en la entrada sobre Lübeck, se repite muy a menudo, ya sea en el lugar más destacado de la iglesia o en otros que inducen más al recogimiento.

Nos ha causado sorpresa descubrir, en los centros de las ciudades, algún artefacto para bombear agua, la mayor parte de tamaño normal y alguno de abultadas proporciones. En la mayoría de los casos nuestra sorpresa aumentaba al comprobar que funcionaban. IMG_4252

Y por hablar de otra cosa, decir que las flores que adornan las mesas en todos los restaurantes, en las casas de comidas… son naturales. Quizás es lo único ”natural” en el restaurante. O dicho de otro modo, con la comida que tienen y la cantidad de maquinaria que usan en la vida diaria, las flores son una necesidad, un contrapunto.

En las calles se ven alineadas, como centinelas floridos, a las malvas locas. Apoyadas en la pared, a veces vencidas por el viento, cabecean sobre los bancos de madera que alguna gente ha puesto en la puerta de su casa, con gran sentido cívico. Porque aunque los pone la gente particular, su uso puede ser público. 

La afición a las plantas es larga como la vida. Mientras haya fuerza. IMG_1998

Las floristerías son amplias y venden numerosos tipos de flores y plantas, que parecen  de producción nacional, y los precios muy democráticos. IMG_2663

Ahora, en verano, se veían muchos gladiolos, de muy variados colores. IMG_2441

Y así colorín, colorado, el blog de este viaje se ha acabado. IMG_3339

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Weimer

Weimer fue la ciudad donde comenzó la Bauhaus y el final de un largo viaje. 

No estoy hablando de nosotros sino intentando introducir de una manera lo menos brutal posible uno de los acontecimientos más detestables, odiosos y criminales que la sociedad alemana cometió con sus congéneres. Me refiero a la detención de más de 250.000 personas en el campo de concentración de Buchenwald y la muerte allí de unas 56.000. Por enfermedad, inanición, prácticas seudo-cientificas y ejecución: tiro en la nuca y ahorcamiento.

Fuimos andando desde el camping en el que estábamos, subiendo la colina de Ettersberg, y llegamos a un cercado donde estaban clavadas unas barras de acero con un número y la inscripción desconocido.

Según el folleto-guía del Memorial de Buchenwald ahí estaba la fosa común del campo especial numero 2. Ese campo, 1945-1950, fue creado por los soviéticos y en él murieron unos 7.000 cuadros del partido nazi y criminales colaboracionistas, según fuentes soviéticas. Les hicieron pagar los crímenes de guerra y el asesinato, en Buchenwald, de más de 8.483 prisioneros de guerra soviéticos (tiro en la nuca). Fue más del mismo horror. Algo de lo que aún se habla menos.

Más adelante nos encontramos restos de las postes que sujetaban las alambradas que perimetraban el campo y las torres de vigía.

Entramos en la gran explanada en la que estaban los barracones, bloques les llamaban, por el lado del crematorio. Hay que recordar que Buchenwald fue creado en 1937 para prisioneros políticos y solo después de la Noche de los Cristales Rotos ingresaron en él miles de judíos. Allí murieron más de 12.000.

Nos sorprendió el homenaje de algunos japoneses. Por su diferencia, por su color y por compartir el mismo horror. En Buchenwald no habían cámaras de gas, no era un campo de exterminio, pero se mataba igual.

Hoy en día el inmenso vacío de la explanada de Buchenwald impresiona, entristece, hace más evidente el horror de lo que fue. Y las gentes buscamos consuelo en los homenajes que se rinden a las víctimas: a los republicanos españoles, año 2015, testigos de Jehová 2002, objetores de consciencia y desertores del ejercito alemán, 2001, a los gitanos, manouches y sintis, año 1995, minorías a exterminar como los judíos, de los que se habla poco como víctimas del terror nazi.  Diseminadas por todo el campo y con arreglo a la historia. Mencionando la nacionalidad de las víctimas en la “plaza de los llamados”.

Conocíamos la realidad de Buchenwald por los libros de Jorge Semprún, El largo viaje y La escritura o la vida, en los que explica su experiencia en Buchenwald, de donde salió con vida, pero sobre lo que no pudo escribir hasta casi cuarenta años más tarde. Aún habiendo pasado lo que pasó nunca aborreció la lengua alemana porque esta además de la lengua de sus carceleros era la lengua de sus más grandes literatos: Goethe, Schiller, y músicos, Bach, Liszt, y pensadores Nietzche.  Todos ellos residieron en la ciudad de Weimar, cercana al campo de Buchenwald, que no se llama Campo de Weimar por preservar a la ciudad “capital” del clasicismo alemán de su confusión con la barbarie nazi.

Weimer es especialmente conocida por haber dado su nombre a la República que fue redactada y aprobada aquí en 1918 y que duró hasta que Hitler toma el poder en 1933. Pero la ciudad también es conocida por haber sido un polo de arte que alcanza su plenitud la segunda mitad del setecientos bajo la tutela de la condesa Anna Amalia.

Cranach realiza aquí su gran última obra, Goethe dirigirá el teatro que se convertiría en el Teatro Nacional alemán. Schiller, su gran amigo, viene a vivir a Weimer. Bach, trabaja y compone numerosas obras, Liszt  dirigió la Opera.

Esta historia influye sin duda para que Weimer sea la primera sede de la Bauhaus. Ya a principios de siglo el arquitecto belga Henry van de Velde es llamado para dirigir una escuela de artes y oficios que cambien las formas tradicionales y evolucionen siguiendo la senda del nuevo arte (Art Nouveau, Jung Style, Modernismo…).

Pero es en 1919 cuando, a partir de la idea de van de Velde, nace la Bauhaus bajo la dirección de Walter Gropius. La escuela tiene que dejar la ciudad porque el espíritu provinciano de su sociedad y sus autoridades no es capaz de asimilar la revolución que promueve la escuela.

Una de los atractivos de la ciudad es el Parque del Ilm (Park an der Ilm), que fue construido por Goethe en el valle del rio, jardín  absolutamente literario. Con sus enormes praderas flanqueadas por altísimos olmos, fresnos y abedules. En las laderas algún promontorio rocoso, ruinas góticas en un alto…todo muy bucólico, muy jardín inglés, pero rebosando cultura clásica. Y de repente, un olor a chotuno!!! Miras y en uno de los prados descubres un rebaño de ovejas. Y recuerdas el chiste de Forges:  ¡Buenos días, sencillo pastor! 

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Leipzig

Antes de llegar a Leipzig, y paseando por un sitio llamado Oranienbaum, tuvimos la sorpresa de ver, casi igual, uno de los primeros coches que tuvo el padre de Gemma, un Opel Capitan bicolor, azul y blanco.

Para Gemma, Leipzig era una ciudad mito, está ligada a su infancia, tanto como el Opel Capitan. Cesc, su padre, fue por lo menos una vez, a finales de los años 60 a las ferias que hacían allí, a comprar pieles, era peletero.

Y traía relatos de miedo. Leipzig era una ciudad comunista donde la vigilancia policial sobre los extranjeros era total. Y sobre los nacionales también, pero de eso nos enteramos más tarde. Cesc contaba como daba pavor al llegar a la estación de tren (venía de Berlín) y al bajar enfrentarse a una hilera de militares fuertemente armados y con perros que impedían cualquier movimiento que no fuera el de seguir a los otros viajeros hacia la salida. 

El centro histórico es pequeño y acogedor, a veces pomposo con ínfulas de gran burgués, pero amable hasta el punto de dejarse atravesar por numerosos pasajes que facilitan la vida a evitar la intemperie.

Tiene dos ayuntamientos. El antiguo, muy fotogénico, en el centro de la parte vieja, está sobre la plaza del mercado (Markt). Y hay realmente un mercado hoy en día, como sucede en otras ciudades.

El Nuevo Ayuntamiento (Stadt Leipzig) es una mole inmensa, demostración ochocentista del poder y riqueza de la ciudad.

Una de los edificios que nos impactó fue la iglesia de San Nicolas (Nikolaikirche). Tanto por su estructura en forma de teatro (igual que la iglesia de San Miguel, de Hamburgo), como sus famosas columnas palmeras y su techo.

Fuera del centro histórico la ciudad cuenta con un ensanche del XIX y una serie de barrios que parecen haberse ido añadiendo. Y cómo símbolo distintivo de Leipzig está el entorno verde. Los arboles y jardines aparecen a veces como un añadido a las construcciones y otras como una realidad preexistente que separa más que une las diversas partes del municipio. Se jactan de ser una ciudad con mucha zona verde, pero en buena parte de su extensión, parece que se trate de una gran zona verde con algo de ciudad. Otra característica es la continuidad de grandes espacios urbanos sin alma provenientes, suponemos, de la ordenación urbana comunista.

Hoy Leipzig es la ciudad más vital, después de Berlin, de lo que fue la República Democrática Alemana. Ya lo era en la época comunista y aquí tuvieron lugar las más importantes manifestaciones contra el régimen que provocaron la caída del muro. La ciudad atrae a la modernidad y el artisteo que huye de Berlín por la carestía y la falta de oportunidades. 

El mejor ejemplo es barrio de Plagwitz, y dentro del barrio la Baumwollspinerei, una antigua hilatura donde llegaron a trabajar casi 4.000 obreras a principios del siglo XX. Hoy se ha convertido en una fábrica de arte donde bullen más de 120 talleres de artistas.

Pero la importancia de Leipzig viene de lejos. En el siglo XVI se descubrieron minas de plata en sus proximidades y desde entonces ha sido una ciudad próspera. La Universidad tiene más de 600 años de existencia. Su edificio central es hoy un icono de la ciudad.

Es una de los centros más importantes de edición del país y de Europa. Aquí se encuentra la Biblioteca Alemana (Deutsche Nationalbibliothek), que reúne las publicaciones en alemán desde 1912.

La ciudad tiene un papel relevante en la música. Aquí nació Richard Wagner y trabajaron, Felix Mendelssohn Bartholdy, Robert Schumann, Grieg y Johan Sebastian Bach. Actualmente cuenta con varias orquestas y conjuntos de música clásica y la música coral es famosa aquí desde la Edad Media. El teatro de la ópera existe desde hace más de 300 años y el edificio actual es conocido por su acústica.

Leipzig nos atrajo más de lo que pensábamos y por eso ampliamos la estancia en el área de autocaravana en la que nos encontrábamos. Debido a ello nos dimos el mayor susto del verano. Hacia las 6 de la mañana un coche vino a empotrarse contra un árbol que estaba a 5 metros de donde dormíamos apaciblemente. El estruendo fue horrible y el impacto de ramas del árbol que cayeron sobre nuestra autocaravana lo agravó. Salimos a ver qué había sido el estruendo y por suerte vimos llegar a dos obreros que se hicieron cargo de la situación pararon a un coche y llamaron al socorro. Finalmente los dos conductores fueron extraídos por una eficiente intervención de los dos obreros, las ambulancias y los policías. Los dos jóvenes estaban vivos. El susto nos duró todo el día.

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Dessau

Llegamos a Dessau por la tarde y en el centro encontramos rápidamente el edificio del nuevo Museo de la Bauhaus, obra de un quinteto de arquitect@s, Addendum, con sede en Barcelona. Pero no entramos. Se inaugura el 8 de septiembre. IMG_3520

El centro de Dessau es muy desangelado, debieron arrasarla durante la segunda guerra mundial y parece que en vez de reconstruirla hicieron una ciudad nueva, de bloques, con algunos edificios antiguos. Por decir que la población extranjera, de origen no comunitario, vive en el centro… está todo dicho.

Para encontrar dónde pasar la noche usamos una aplicación que se llama Park4night, allí nos recomendaban un parking tranquilo junto al rio Elba y a lado de un restaurante. Fuimos y al llegar: ¡sorpresa! El restaurante tenía toda la pinta de ser un edificio bahausiano, pero no solo lo es, sino que está catalogado por la Unesco. Es el restaurante Kornhaus (de  Carl Fieger). IMG_3542IMG_3546

En su terraza con vistas sobre un meandro del Elba, vimos atardecer mientras tomábamos una cerveza con fondo de música de baile.  Celebraban una boda. Pero lo único que nos ofrecieron fueron unos minutos de fuegos artificiales. IMG_2746Aquí en Dessau están algunos de los iconos arquitectónicos de la Bauhaus.El primero que visitamos fue Escuela de la  Bauhaus de Walter Gropius. IMG_2762

Lo que más nos impresiona son los espacios conformados por las escaleras y los hall, verdaderos puntos de encuentro. Además de los ventanales y aberturas de iluminación. IMG_3575IMG_2778IMG_2779 Y las aulas. IMG_3584IMG_3590

El remate de la escuela fue el edificio con las habitaciones de los estudiantes. IMG_3653

No muy lejos de la Escuela se edificaron las casas de los maestros. La primera, aislada, es la director, Walter Gropius, las además, apareadas de a dos, según el método de la arquitectura modular. Eran tres edificios, uno de ellos y también el ya mencionado del director son reconstrucciones, pues fueron arrasados durante la guerra. Ahora son como maquetas de tamaño natural.

IMG_3688Lo mejor para nosotros, era que que los maestros tenían un “atelier” en la casa. Y con un gran ventanal al norte, que como se sabe es la mejor luz para pintar.  IMG_3718IMG_3695Y también nos sedujo enormemente el edificio de la oficina de empleo sorprendente por su forma en espiral, por la técnica de aireación e iluminación naturales. IMG_3795

IMG_2894Daban ganas de darle vueltas y vueltas como hacen l@s buscadores de empleo.

Y para descansar de tantas emociones nos fuimos a pernoctar a un lugar tranquilo: un campo de aviación. Nos dijeron que no había vuelos nocturnos. Ni nocturnos ni casi diurnos, tanto es así que a los que aterrizan les aplauden (sarcasmo). IMG_3779

 

 

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Usos y Costumbres (Alemania 1)

Lo primero que llama la atención al entrar en Alemania por carretera, es que estas están flanqueadas por árboles durante largas distancias. Al principio piensas que atraviesas un bosque, pero como viajero advertido te fijas un poco y ves que, la mayoría de las veces, la profundidad de la plantación no llega a los cien metros. Cuando pasas al lado, o incluso por medio de un pueblo, la cortina de árboles es por afán de proteger la población circundante de las molestias del tráfico, y eso está muy bien… para los locales. Pero para el viajero al que le gusta explorar el paisaje le fastidia sobremanera. Parece que siempre está en el mismo sitio.La preocupación por la contaminación acústica y visual es grande y en nuestra opinión los alemanes se han convertido en grandes especialistas en el uso de tabiques protectores de todo tipo.
En las salidas de las autopistas no ponen la velocidad máxima a la que se puede circular en ese tramo y muchas veces cuando comienza verdaderamente las salida hay curvas que no se deben tomar a más de cincuenta. Te puede llevar un susto si piensas que funciona como en otros países. Los carriles bici en paralelo, pero completamente separados, de la carretera durante decenas de quilómetros, y en numerosísimas carreteras, no deja de sorprender a los hispanos, aunque hayan vivido mucho tiempo en Bélgica y estén acostumbrados a su existencia. También se viaja mucho en bici, se ven parejas incluso familias con niños. Algunos entran con ella al hotel. La pastelería en Alemania no es muy sofisticada, pero hacen unas tartas que quitan el sentido. Y como casi todo en esta tierra son de proporciones generosas.

 

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Berlín

Berlin es una ciudad muy grande, enorme, casi nueve veces París como nos dijo David. El billete de transporte urbano para un día, cuesta 7,40€. Y a nosotros nos fue de maravilla para poder cruzarla de Norte a Sur y de Este a Oeste, y así ir a ver lo que nos interesaba: algunas de las realizaciones urbanísticas de la Bauhaus, en este el año del centenario de su fundación. En concreto cinco de ellas que han sido catalogadas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Era tal el afán que incluso antes de encontrar “alojamiento” fuimos a rendir pleitesía al dios Mies van der Rohe visitando la última casa que construyó, antes de exiliarse a los USA huyendo de los nazis.

Berlín está en construcción desde 1990, no paran de alzarse edificios de todos y cada uno de los más renombrados arquitect@s del mundo mundial. Pero como decíamos, nosotros veníamos a ver las realizaciones de la Bauhaus.

La primera urbanización, conjunto de casas o edificaciones, fue la Herradura, Gross Siedlung Britz Hufeisiedlung en el barrio de Neukölln, construida entre 1929 y 1931, por Bruno Taut y Martin Wagner y los jardines por Leberecht Migge.

La siguiente, ya por la tarde, fue la Wohnstadt Carl Legien en el barrio de Prezlauer, construída en 1928 y 1930 por Bruno Taut y Franz Hillinger.

Al día siguiente, la Schillerpark-Siedlung  en Wedding, construída entre 1924 y 1930 por Bruno Taut y Franz Hoffman, reconstruida parcialmente por  Max Taut en 1951.

Y ampliada por Hans Hoffman en 1954-1959.

La cuarta  Weiss Stadt en Reinickendorf construida entre 1929 y 1931 por Bruno Ahrends, Wilhem Büning y Otto Rudolf Salvisberg y las zonas verdes por Ludwig Lesser.

Weisse Stadt Bruno Taut

Weisse Stadt Bruno Taut

Y la quinta y última, la  Grosse Siedlung Siemensstadt entre Charlottenburg y Spandau. Construida entre 1929 y 1931 por Otto Bartning, Fred Forbat, Walter Gropius, Hugo Häring, Paul Rudolf Henning, Hans Scharoun y las zonas verdes por Leberecht Migge.

Gropius

Nuestro viaje a Berlín contenía un plus extraordinario: nos juntamos con Alejandro y Kate, los primos americanos, que después de unos días en España, donde visitaron a la familia y yendo a una boda en Suecia, recalaron en Berlín para ver a un amigo. Y a nosotros. Ha sido una gran alegría verlos,  un año después de su boda en Barcelona aquí en Berlín. ¡Qué vivan los novios! ¡Qué vivan los viajes!

Estuvimos alojados en un área de autocaravanas al sureste de Berlín. El pueblo, ahora barrio de Berlín, se llama Köpenick y parece ser que en el siglo XIX era la “lavandería” de Berlín. Pero es conocido sobre todo por las hazañas del capitán de Köpenick. Que ni era capitán ni era de Köpenick. Era un truhán que había comprado en Postdam un traje de capitán de segunda mano y así vestido se llegó hasta uno de los puestos de mando de Berlín, tomó a unos cuantos soldados, de verdad, y ocuparon el ayuntamiento de Köpenick. Secuestró al alcalde, reclamó el control de la ciudad,  y tras firmar un recibo huyó con 3.557 marcos. Era 1906. Lo arrestaron a los diez días, fue condenado a cuatro años de prisión y salió después de cumplir dos. El hecho provocó la risa general, porque dejó en ridículo la obediencia de la sociedad prusiana.

 

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Stralsund, Greifswald, Schwerin

Además de las ciudades que podrían estar en el top ten de las clasificaciones turísticas, hemos visto otras que tienen una parte monumental menor, aunque interesante, y alguna cosa más que las hace muy atractivas.

Stralsund tiene una historia portuaria importante y sus edificios góticos en ladrillo rojo merecieron la elección de la UNESCO junto con Wismar para darle su preciado título. Las fotos aéreas de la ciudad son las que más venden, ya que ofrecen la imagen de una ciudad casi rodeada de agua y verdor. Cuando la visitas te da otra impresión. Por ejemplo, la vista de la iglesia de Santa María (St. Marien-Kirche) a través de uno de los lagos que rodean Stralsund, es impresionante.

Pero cuando paseas por el centro histórico ves que la reconstrucción no ha sido tan intensa como en otros sitios y que la nueva arquitectura y el urbanismo dejan bastante que desear.

La plaza del ayuntamiento (Alter Markt), es un ejemplo positivo en la recuperación de espacios emblemáticos de la ciudad.

Pero quizás la nota más positiva es el cambio que está redefiniendo la zona portuaria. Desde luego no han inventado nada: recuperan edificios portuarios y construyen otros muy modernos en torno al ocio y la cultura. Pero el resultado es positivo y la vida en el sector portuario parece vibrar más fuerte que en el centro de la ciudad. 

 

Greifswald es una pequeña ciudad con varios atractivos muy diferentes. Su plaza mayor (Markplatz) es un ejemplo clásico. Y, efectivamente, era la plaza del mercado.

Sus dos iglesias principales son muy fotogénicas. La catedral de San Nicolas (Dom St. Nikolai) tiene una torre de cien metros de alta, que se ve mejor cuanto más lejos estés y que inspiró a Caspar David Friedrich (hijo de la ciudad) alguna des sus obras más conocidas.

La iglesia de Santa María (St. Marienkirche), por el contrario, es de aires cuadrados, tipo fortaleza, eso hizo que los habitantes de la ciudad la llamasen cariñosamente “Maria la gorda”.

En otro ambiente distinta, aunque a menos de 300 metros de la plaza mayor, está la zona portuaria en una orilla del Ryck, que la une al cercano Báltico. Es el sitio moderno y joven de la ciudad, aunque su puente basculante de madera no ha sido construido precisamente ayer.

 

Schwerin es una ciudad muy turística porque es el principio, o el final, del recorrido por la zona lacustre del Mecklembourg, muy apreciada en el país. Ha sido una ciudad muy importante casi desde su fundación, allá por el siglo XII, hasta el final de la I Guerra Mundial. La mayor parte de ese tiempo fue la capital del ducado de Mecklembourg. Todo ello se nota en el aspecto de buena parte de la ciudad: grandes mansiones y edificios públicos, desarrollo urbano de amplias calles, edificios de generosas volúmenes, equipamientos de prestigio…

Tiene dos lagos dispuestos como los de Hamburgo, pero mucho más pequeños, claro. 

El centro histórico, en una orilla del lago interior, el Pfaffenteich, (Teich = laguna, Pfaff = nombre propio) tiene su plaza del mercado, con un ayuntamiento un poco cantoso, y la catedral, bastante más interesante.

Tiene un teatro y un museo de mucha prestancia, pero la joya de la corona es sin duda el Palacio Ducal, construido a mediados del XIX. Sus arquitectos usaron todos los estilos arquitectónicos que conocían, a la vez que se inspiraron (cuentan) en el Château de Chambord. Lo que no sabemos es si el Sr. Disney se inspiró a su vez en esta realización germana.

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